Azul Esplá

Por Aitana March

“La palmera levantina,

la que otea la marina,

la mediterránea era.

La que atrapa la primera

ráfaga de primavera,

la primera golondrina.”

(Miguel Hernández)

 

Volvía en tren a Madrid después de pasar San Juan en Alicante. Mientras el paisaje iba quedando atrás, con el mar brillante, el cielo azul y las palmeras bailando con la brisa, pensaba en Miguel Hernández. Imaginaba cómo sería su mirada cuando dejó Orihuela para marcharse a Madrid y escribir estos versos sobre su tierra. Corría 1932, tenía apenas veintidós años y aún no podía imaginar que le quedaban sólo diez.

Alicante tiene una luz muy difícil de explicar. La reconoces en cuanto vuelves a verla, como si siempre hubiera estado esperándote. Para mí es un lugar que significa alegría por su gente, familia por el amor y calma por esos paisajes que parecen abrazarte sin decir una palabra.

Dicen que Rafael Alberti, el último trozo de tierra española que vio al marcharse al exilio fue la sierra de Aitana. Y mirando hacia ella, desde otro horizonte, se encuentra el carretón para entrar a matar de Luis Francisco Esplá. Dos poetas.

La Feria de Hogueras es el inicio del verano, el fuego, la sabiduría y el júbilo; y ha querido rendir homenaje a Luis Francisco Esplá con motivo del cincuenta aniversario de su alternativa. Es un reconocimiento merecido para alguien que siempre ha entendido el toreo desde la inteligencia, la cultura, las artes plásticas y la sensibilidad. Alguien que ha llevado Alicante en su forma de ser, en su casa, en su infancia y en su vida.

De Luis Francisco Esplá siempre me ha llamado la atención su manera de entender el toreo, pero sobre todo la vida. La importancia que concede a los detalles, a cada gesto, a cada palabra, a cada hilo del vestido. El significado de todo lo que uno hace, de todo lo que uno lleva. La belleza puede estar en todas partes: en la técnica y en lo plástico, en lo solemne y en lo cotidiano. Y la sensibilidad no es una debilidad, sino una forma de mirar el mundo. La sensibilidad por la dignidad.

No voy a hablar aquí de cómo fue como torero. Para eso están las faenas que permanecen en la memoria. Prefiero hablar de esa capacidad para convertir cada experiencia en un color distinto de una misma paleta. En los colegios se estudia a los grandes filósofos clásicos. Yo doy gracias a mi padre por haber tenido como uno de mis referentes vitales la filosofía de Luis Francisco Esplá.

Rafael Alberti habló del azul “Pablo Ruiz Azul Picasso”. Yo nombro otro nombre al color azul: "Dijo el azul un día: hoy tengo un nuevo nombre: se me llama azul Luis Francisco Azul Esplá." Y quizá sea la mejor manera de definirlo. Porque ha pintado el ruedo y la vida de un azul ultramar profundamente mediterráneo. El azul del cielo de Alicante, el del mar profundo que uno echa de menos cuando se marcha y el de quienes consiguen convertir su tierra en una forma de mirar el mundo.

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